La noche había caído con una quietud pesada sobre la casa de Thomas, esa clase de silencio que no invita a la paz, sino a la memoria. El refrigerador zumbaba bajo, constante, mientras el reloj de pared dejaba caer los segundos como gotas que erosionaban la paciencia.
Thomas apoyaba los codos en la mesa de la cocina. Tenía una taza de café entre las manos, pero no la bebía. Sus ojos estaban fijos en la madera rayada del mantel individual, como si pudiera encontrar alguna respuesta oculta entre l