Mientras Gabriel seguía con su verborragia, la mente de Sophia regresó en el tiempo, unas horas antes del evento que acababan de dejar.
El vestido le quedaba bien. Pero no era suyo.
Sophia lo sabía desde el momento en que Alfonsina abrió el perchero portátil que llevaba en el baúl de su auto como quien despliega un arsenal para una misión secreta. «Este te va a estilizar muchísimo, y es comodísimo», había dicho, levantando una prenda de tela satén color terracota que brillaba como si guardara c