Un murmullo escandalizado recorrió la sala como una ola que amenazaba con desbordarse. El juez Samuelson golpeó con fuerza el mazo contra la mesa.
—¡Orden en la sala! Señor Torr, le recuerdo que está aquí para responder preguntas, no para lanzar provocaciones personales —dijo con tono severo, fijando sus ojos en Gabriel.
Charles, quien apenas había reaccionado a la insolencia, avanzó un paso más hacia el estrado. Su voz permaneció calmada, pero su tono adquirió un filo helado.
—Señor Torr, le a