El café estaba casi vacío, con excepción de una pareja mayor que discutía bajito y dos estudiantes universitarios cargados de apuntes. Era demasiado temprano, y el café apenas sí había abierto sus puertas. El frío aún se resistía a abandonar la temporada primaveral y debía salir de su casa con una campera bajo el brazo, o sobre su cuerpo, si no quería enfermarse. Sophia eligió una mesa contra la pared, de esas con acolchado de cuerina resquebrajada y vista a la calle. No había dormido. No porqu