Gabriel le pidió que lo acompañara a una cena de gala organizada por la Federación de Rugby Nacional. Había recibido una invitación especial como capitán del seleccionado, y según sus propias palabras, “sería lindo que estemos juntos frente a todos”. Pero Sophia sintió un rechazo inmediato, casi físico, como si el solo hecho de imaginarse de su brazo, sonriendo ante flashes, posando como una pareja feliz, le provocara náuseas.
—No puedo —dijo con voz tranquila, mientras servía té en la cocina—.