Mundo ficciónIniciar sesiónLa sala de juntas de Blackwood Sterling Capital en el piso sesenta siempre había parecido un templo dedicado al dios del dinero. Sus paredes de caoba oscura, las inmensas mesas de ébano y las vistas panorámicas de Miami solían inspirar temor y reverencia. Pero esa mañana, la luz que entraba por los ventanales tenía una cualidad diferente: era suave, dorada, casi melancólica. No era la luz de una conquista, sino la del atardecer de una era.







