Mundo ficciónIniciar sesiónEl trayecto desde el auditorio de la Universidad de Miami hasta el recinto policial de la Pequeña Habana se sintió como un descenso a un infierno de luces azules y rojas. Camila Ríos, cuyas manos habían sido entrenadas para sostener la fragilidad de la psique humana, ahora sentía el roce áspero del acero contra sus muñecas. El sonido del clic de las esposas seguía retumbando en sus oídos, eclipsando incluso el rugido del motor del







