El vuelo de regreso desde Italia no fue el de dos amantes victoriosos, sino el de dos soldados heridos regresando a una zona de guerra que apenas comenzaba a arder. Alexander Blackwood, con las costillas vendadas y los ojos hundidos por una fiebre que se negaba a ceder, no soltó la mano de Camila en las diez horas de trayecto. La revelación de que no eran hermanos les había devuelto el alma, pero el mundo real se encargaría de intentar cobrarles el precio por esa libertad.
—Moretti no está solo