La seguridad que Alexander había desplegado alrededor de Camila era asfixiante, pero Moretti no buscó una grieta en los muros de la mansión, sino en la rutina de la investigación del FBI.
Camila se dirigía a una reunión con sus abogados cerca de Brickell. El FBI la seguía a dos coches de distancia, una presencia constante que Alexander odiaba pero que ella aceptaba como un mal necesario. Lo que nadie previó fue el despliegue de la mafia de Moretti: un camión de basura bloqueando la intersección