El silencio que siguió a la muerte de Marcus Thorne no fue pacífico; fue un zumbido eléctrico que vibraba en las paredes del ático. Alexander y Camila permanecieron frente al ventanal durante lo que parecieron horas, observando cómo la ciudad de Miami ignoraba el regicidio que acababa de ocurrir a cientos de metros sobre el nivel del mar.
El cuerpo de Marcus ya había sido retirado por el equipo de limpieza táctica de Vargas. No hubo rastro de sangre en la alfombra persa, ni marcas de pólvora en