Localización: Barbados, seis meses después.
El sol de Barbados se derramaba sobre el porche de madera de teca, calentando el aire con un dulzor a coco y sal. La villa, discretamente escondida entre palmeras y mangos, era la definición de lujo silencioso. No había necesidad de ostentar cuando el anonimato era la moneda más valiosa.
Alexander Blackwood estaba de pie junto a la piscina de borde infinito, que se fundía en un azul indistinguible con el mar Caribe. Llevaba solo pantalones cortos oscu