Seis meses. En la vorágine de Miami, seis meses son un parpadeo, una fusión o una bancarrota. En Barbados, sin embargo, seis meses se sintieron como una vida entera, un capullo donde Alexander y yo nos despojamos de las pieles viejas, manchadas de ceniza y traición.
El sol en Miami te quema; aquí, en el Caribe, te abraza. Al principio, la luz me asustaba. Estaba acostumbrada a la sombra del anonimato y al frío de las paredes de mi consultorio. Pero Alexander me sacó de la villa casi de inmediat