Alexander Blackwood despertó antes que el sol. No había paz en él. El colchón de lujo, la seda de las sábanas, el cuerpo cálido de Camila acurrucado a su lado; nada podía penetrar la coraza de pánico que lo atenazaba desde la llamada de Julian. Había forzado una sonrisa, había impuesto su negación, pero el miedo era una criatura fría que se había anidado en sus entrañas.
Se deslizó fuera de la cama con el sigilo de un fantasma. Se puso una bata y se dirigió a la terraza. El cielo sobre Miami com