Pedro Juan llega al amanecer a su casa, con el corazón lleno de rabia y frustración. Maribel lo había ignorado todo el día, Rodrigo parecía estar ganando terreno… y él, el supuesto amo del juego, ahora se sentía como un espectador.
En su habitación, Mary Carmen duerme. Él se sienta en el sofá, derrotado, y sin querer, al mover una manta, descubre algo sobresaliendo del diario personal de su esposa:
una flor del ramo que ella había tomado del arreglo de Maribel, estaba marchita y prensada entre