Maribel aún tenía los labios curvados en una sonrisa cuando abrió la puerta, esperando ver nuevamente a Rodrigo… quizás había olvidado decirle algo. Pero esa sonrisa se congeló apenas lo vio.
Pedro Juan.
Allí estaba, con el cabello despeinado, la mirada cargada de ansiedad y deseo, los labios apretados como si el solo hecho de estar frente a ella le doliera.
—¿Qué haces aquí? —fue lo único que logró decir ella, sin disimular la sorpresa.
—Tenía que verte… tenía que hablar contigo —dijo él, dand