El pasillo que conducía a los camerinos estaba tenuemente iluminado. Alfombra oscura, paredes con espejos enmarcados por luces suaves. Silencio… hasta que los tacones de Lilith rompieron la calma. Salía envuelta en su aura de misterio, el vestido rojo aún ceñido a su cuerpo como una segunda piel. Su respiración apenas comenzaba a calmarse tras el último show. No esperaba encontrarlo ahí.
—¿Te divertiste?
La voz la detuvo en seco.
Giró apenas el rostro. Pedro Juan estaba apoyado contra la pared,