Mundo ficciónIniciar sesiónEspejo Roto En él vi mi reflejo Eva Beltrán se divorció para liberarse. Psicóloga, madre y por último mujer,pone límites después de descubrir que el amor no siempre es lealtad. Agustín Leone llega a su consultorio intentando recuperar un matrimonio que ya está roto. Lo que no sabe es que la traición que lo rodea es la misma que destruyó la vida de Eva… y que su hijo carga ese secreto desde hace un tiempo. Cuando la verdad sale a la luz, sus historias se cruzan en un punto donde el amor aparece sin permiso y la ética profesional se vuelve un límite imposible de ignorar. Porque no todos los amores están destinados a vivirse. A veces no nos enamoramos de alguien. A veces nos reflejamos en el otro. Algunos existen solo para mostrar quiénes somos… y cuánto cuesta verse en un Espejo Roto
Leer másHabía pasado una semana desde la primera sesión con Agustín Leone y aun así, Eva Beltrán sentía que algo seguía fuera de lugar. No era un pensamiento ni una imagen concreta. Era una incomodidad de esas que se instalan en el cuerpo y recién después buscan un nombre en la cabeza. Como una astilla bajo la piel: imposible de ignorar. Ese beso seguía en su mente y ella no podía dejar de recordarlo. Agustín se sentó frente a ella con la misma postura de la semana anterior. Correcto. Educado. Las manos apoyadas sobre las piernas, la espalda recta, la mirada atenta, como si estuviera decidido a hacer todo “bien”. —Estuve más en casa —dijo—. Pedí unos días en el trabajo. Quiero que Vanessa sepa que puede contar conmigo. Eva asintió con un gesto profesional y tomó una nota que no necesitaba tomar. —¿Y ella? —preguntó—. ¿Cómo responde a eso? Agustín dudó apenas. —Dice que está cansada. Que tiene mucho trabajo. Vive de viaje,ahora es ella. Eva revivió su vida los últimos años.
Eva creyó que lo peor ya había pasado el día que se confirmó el divorcio y él hizo un escándalo en la corte. Se equivocó. Hernán la estaba esperando en la vereda . No intentó disimular su enojo ,ni fingió cordialidad. Cuando ella quiso esquivarlo, avanzó sin dudar y le tomó el brazo con fuerza, como si con ese gesto ella todavía le perteneciera. La empujó hacia el auto con la naturalidad de quien no concibe la posibilidad de un límite. —Subite —ordenó sin gritar, hablándole al oído, para que los demás creyeran que no pasaba nada. Eva intentó soltarse. Él apretó más su brazo. El dolor le recorrió el cuerpo como una descarga breve y punzante. —Soltame —dijo, conteniendo la voz—. Hernán me estás lastimando. Ya no sos mi marido. No aflojo a su agarré. —Voy a apelar el divorcio. No me quiero divirciar—dijo mientras arrancaba—. Mis abogados están buscando la forma de frenarlo. El divorcio no va a pasar. Eva lo miró de perfil. No había miedo en sus ojos. Ese lo había dejado
Eva Beltrán cerró el cuaderno con un gesto lento, casi imperceptible. No porque la sesión hubiera terminado —todavía quedaban unos minutos— sino porque necesitaba ganar tiempo. Porque había algo en ese consultorio que se estaba tensando demasiado rápido, y no era solo el silencio. Frente a ella, Agustín Leone permanecía sentado con los hombros levemente caídos, las manos entrelazadas, la mirada fija en un punto del piso. Había hablado durante casi toda la hora. Sin mucho dramatismo. Con frases muy medidas. Con esa calma extraña de los hombres que aprendieron a cuidar sus palabras para no hacer ruido. —Siento que hay una verdad que no termino de aceptar —dijo finalmente, rompiendo el silencio—. Pero se que todavía vale la pena. Que si sigo insistiendo… algo puede cambiar. Esa frase. Eva sintió un golpe en el pecho. No porque fuera falsa, sino porque la había pronunciado ella misma muchas veces tiempo atrás.En demasiadas oportunidades para salvar su matrimonio. La había r
Agustín Leone despertó con la cabeza pesada y una sensación incómoda en el pecho, como si algo hubiera quedado mal dentro de él. Tardó unos segundos en reconocer dónde estaba.Era su living. El sillón donde había dormido vestido, la manta acomodada sobre él y el silencio absoluto de la casa.Vanessa no estaba seguía en ese viaje de negocios. Tampoco los chicos. Eso no era raro. Ella desde su ascenso vive de viaje por trabajo y los hijos solían quedarse con los abuelos cuando coincidían los horarios. Lo que sí era extraño… era ese vacío en su mente. Se sentó despacio y se pasó una mano por el rostro. Le dolía todo y le dolía no recordar. Buscó el teléfono. Tenía varios mensajes sin leer sobre el trabajo. Ninguna pista de la noche anterior.Sabia que había ido con su amigo Pablo .Ni de cómo había llegado hasta su casa. Le extraño encontrar solo esa tarjeta. La tomó otra vez, como si esperara que cambiara algo al mirarla de nuevo. Eva Beltrán. Psicóloga . Especialis
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