Elisa
Sus labios rozan los míos. No es nada. Casi nada. Y, sin embargo, ya es el abismo. Una chispa diminuta, un escalofrío minúsculo… que hace estallar todo lo que había construido para resistirle.
Contengo la respiración, como si esta inmovilidad frágil pudiera detenerlo todo. Pero cuando finalmente me besa, no es un ataque, es una conquista. Dulce, lenta, ineludible. Su boca se apodera de la mía como si tuviera todo el tiempo del mundo para romperme. Y me rindo.
El beso se profundiza, se osc