Aimée
La mañana llegó sin avisar.
Ni canto de pájaro. Ni luz suave. Solo un desgarrón pálido entre las cortinas, y esa sensación de haber olvidado algo esencial durante la noche. Algo que no era un sueño. Algo que aún respiraba en mí, incluso en su ausencia.
Todavía estaba desnuda, todavía ofrecida a lo que ya no estaba allí. La sábana me cubría apenas, como un pudor inútil, ridículo, fuera de lugar. Había dormido un sueño suspendido. Cada vez que mis ojos se cerraban, mi cuerpo recordaba. Su b