Élise
No puedo respirar normalmente. El aire es pesado, saturado de él, como si se hubiera deslizado por todas partes: en las paredes claras, en las fibras del sofá, hasta en mis pulmones. Cada segundo pesa como una eternidad. El silencio entre nosotros no es un respiro, sino una cárcel invisible. Y yo no tengo la fuerza para romper sus barrotes.
— No dices nada —murmura él.
Su voz me envuelve, me aprieta. Me retiene incluso cuando cada fibra de mi cuerpo grita que me escape. Pero mis piernas s