Aimée
Me quedé allí. Contra la pared. Desnuda.
El fresco nocturno se pegaba a mi piel como un segundo sudor. Mis piernas aún temblaban, pero no era solo por el orgasmo. Era algo más profundo. Un vértigo silencioso. Una quemazón lenta en las venas. Un vacío lleno. Una habitación convertida en altar.
Justin se había ido. No me había dicho "que duermas bien", ni "hasta mañana". Me había dejado con ese vacío vibrante. Ese silencio.
Y yo amaba ese silencio.
Me había fundido en él, estirada, abandona