—Vístete, Lorenzo espera por tí —dijo Blake, mientras miraba a Cala, desnuda sobre su cama, mientras su sexo aún palpitaba, con la piel brillante por el sudor y el reflejo que hacía la luz de la luna sobre él, este se puso una camisa limpia, mientras ella se cubrían con la sábana blanca, inquieta y sin poder entender la orden de Blake.
Cala se levantó, estaba tan inquieta como furiosa, habia tenido el mejor sexo de sus últimos años, Blake le enseño lo que un par de manos eran capaces hacerle sentir, cuando la lujuria, el alcohol y el deseo genuino se encontraban en la alcoba.
Ella llegó al clímax quizá como nunca lo había hecho, Blake por su parte, gozó como nunca la sensación de la humedad tibia de Cala, su agitada respiración lo delataba, sus ojos aún brillaban de lujuria, y aunque él hubiera querido continuar toda la noche, no era posible, la oscuridad profunda, estaba a punto de rendirse ante el sol, ese dia estaba pactada su boda, y después de lo que había ocurrido entre ellos,