Cuando nos cansamos del juego, decidimos volver a la cubierta. Yo estaba agotado y, en cuanto subimos, me desplomé. Ella quedó tendida a mi lado, respirando con dificultad. Me tomó de la mano y se aferró con fuerza.
—Te extrañé —susurró.
Miré hacia mi izquierda y la encontré observándome fijamente.
—¿Nunca me fui a ningún lado? —respondí.
—¿Me estabas ignorando a mí… y a mis tetas? —replicó.
Solté una risita.
—¿Por eso te pusiste ese bikini? —pregunté, mirando hacia abajo.
—Funcionó. Estás sonr