Valeria rodó los ojos… pero luego se inclinó y lo besó suavemente.
—Buen padre —murmuró contra sus labios.
Damián apoyó su frente en la de ella.
—Estoy aprendiendo.
Y por primera vez desde el desayuno…
No parecía un hombre celoso.
Parecía exactamente lo que era:
Un padre que estaba aprendiendo a soltar… sin dejar de amar.
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La tarde llegó más rápido de lo que Damián hubiera querido.
Kendra salió de su habitación con una naturalidad sospechosa. Llevaba ropa sencilla, pero había algo en