Años después
La casa de la playa ya no era la misma… porque ellos tampoco lo eran.
Había más risas. Más voces. Más vida.
—¡Papá, dile que haga trampa! —gritó un pequeño niño de cabello oscuro mientras corría por la sala.
—¡No estoy haciendo trampa! —respondió Kendra, ya convertida en una joven de dieciocho años, cruzada de brazos pero con una sonrisa imposible de ocultar.
Damián observaba la escena desde el sofá, con una expresión tranquila, casi incrédula todavía… como si, en algún rincón de s