—Hazlo —ordené.
—Muy bien, señor. Me encargaré —respondió.
El coche quedó en silencio. Esperaba que me pidiera bajar, pero en vez de eso le ordené que me llevara al club más cercano.
No quería volver a la casa, no después del drama que acababa de ocurrir. El investigador me llevó al club y entré. Algunas strippers estaban bailando sobre las mesas, y decidí unirme a una de ellas. Necesitaba algo que me despejara la mente.
Apenas se registró la denuncia por la desaparición de Valeria, el investig