Capítulo 6
Aquel lugar clandestino debajo del puente, en los arrabales de la ciudad, ocultaban el rugido de motores como un secreto bien guardado. Como un pulso acelerado en la noche. Ana, con su sudadera gris y sus tenis gastados, sintió un nudo en el estómago al bajar del auto. El sitio parecía juzgarla, como si supiera que no pertenecía a ese mundo de adrenalina y humo. Alberto, en cambio, parecía en su elemento. Bajó del coche con una desenvoltura natural, su chaqueta de cuero ajustándose a sus hombros