Capítulo 7
El aroma a neumático quemado y la cerveza flotaba en el aire, envolviendo a Ana como un manto cálido pero ajeno. Las luces tenues de los autos danzaban sobre el asfalto, donde los mirones susurraban entre alcohol y computadoras. Ana seguía a Alberto, sus tenis gastados chirriando levemente contra el piso, un recordatorio constante de lo fuera de lugar que se sentía. Él, en cambio, avanzaba con una seguridad que parecía tejida en su piel, su chaqueta de cuero capturando destellos de luz mientras