Creí que Jonathan me quitaría a mi hija, que, aún con todo lo que me decía sobre su arrepentimiento y amor por mí, nada de eso le impediría arrebatarme a mi bebé, que también era suya. Y que entonces, para no tener que entregarsela, yo me vería obligada a regresar con él a Las Vegas.
Y lo odié, por un segundo que me supó a eternidad, de verdad nació en mí un profundo odio hacía el hombre del que estaba enamorada.
No obstante, ese odio se desvaneció de inmediato, cuando, al verme derramar lágrim