—Lamento haberte orillado a salir huyendo.
Sus disculpas, sinceras y honestas, cayerón dentro del foso que era mi propio dolor y comenzarón a cambiar todo lo que yo creía, lo que había pasado y los sentimientos resentidos que pensé que me acompañarían largos años. Como pude, logré reprimir mis lágrimas y contenerlas, para no derramarlas.
Aún no. Todavía no podía flaquear.
—Esa noche, cuanto te fuiste. Toda mi vida se fue al carajo. Dejé de pensar, de trabajar y solo me dediqué a tratar de aver