Luna
Luna contemplaba el documento con manos temblorosas. El papel oficial, con sus sellos y firmas, parecía quemar entre sus dedos. La luz del atardecer se filtraba por los ventanales del despacho de Leonardo, bañando la estancia en tonos dorados que contrastaban con la tormenta que se desataba en su interior.
No podía creerlo. No quería creerlo.
El nombre de su antigua galería aparecía en el encabezado, junto a una serie de transacciones financieras que formaban un intrincado laberinto de inv