Leonardo
Leonardo contemplaba la ciudad desde el ventanal de su despacho. Las luces nocturnas de Buenos Aires titilaban como estrellas caídas, recordándole que incluso en la oscuridad hay belleza. Sostenía entre sus manos un sobre manila con documentos que había revisado durante horas. Informes detallados sobre las finanzas del difunto padre de Luna, investigaciones que había ordenado hacer en secreto.
—Señor Santoro, ¿necesita algo más? —preguntó su asistente desde la puerta.
—No, Claudia. Pue