—Perdonen muchachos —Belial los miró con sus ojos rojos, haciendo que todos retrocedieran—, debo ir a hablar con Lilith, tengo cosas que contarle.
Angel y Junior se posicionaron enfrente de los más jóvenes Dickens totalmente listos para protegerlos.
Pero Timothee no podía creer que Belial ya estuviera perdido.
—¿Belial? —dijo con la voz rota—, ¿Eres tú?
Belial entendió entonces porque sus hermanos se pusieron a la defensiva. Cerró los ojos, se había dejado llevar.
Los abrió de nuevo. Sus ojos e