—Sé que estas ropas se ven muy desgastadas —Kaya le sonrió un poco avergonzada—, pero créeme, se llenarán totalmente de tierra y lodo y me agradecerás no haber usado tu ropa normal.
Jess solo sonrió y siguió a Kaya con una gran canasta de edredones, Kaya carga algunos con ayuda de Kenny y Dantalian. Jess admiraba lo trabajadora y hacendosa que era Kaya. Cuando ella misma estuvo embarazada de Dantalian estaba tan deprimida y paralizada por el miedo que había días que no se movía en lo absoluto.