Sasha estaba de pie en un campo interminable cubierto de neblina espesa. Podía sentir la humedad acariciándole la piel, el frío entumeciéndole los dedos. Pero lo que más la perturbaba no era el ambiente, sino el silencio. Un silencio tan absoluto que dolía en los oídos.
Avanzó, dando pasos lentos. El suelo crujía bajo sus pies como si caminara sobre huesos secos. En algún lugar a su alrededor, sombras se deslizaban, acechando. Intentaba enfocarlas, pero se movían demasiado rápido, disolviéndose