El amanecer llegó gris y lento, como si el mismo sol temiera asomar entre las nubes cargadas de tormenta. Dentro del refugio, el aire estaba espeso por el incienso y los antiguos polvos que Eugenia había esparcido en el suelo, formando un gran círculo de símbolos arcanos. Las paredes parecían absorber cada sonido, y hasta el leve murmullo del viento afuera se extinguía al cruzar el umbral.
Diego respiró hondo. Podía sentir un cosquilleo en la piel, como si diminetas chispas recorrieran su cuerp