Sasha terminó de secarse las lágrimas con el dorso de la mano. No quería que Lara ni Emilia la vieran así. Ellas necesitaban a su madre fuerte, entera, sonriente incluso si el mundo se caía a pedazos. Inspiró hondo varias veces, llenándose de un aire que, aunque cargado de polvo y del leve olor a humedad del refugio, le daba algo de paz.
Había pasado demasiado tiempo desde que podía recordar algo sin que la culpa la mordiera. Cuando la primera risa de Emilia llenó la cocina de su vieja casa, o