La noche había sido larga, y aunque el refugio era un lugar protegido por antiguos sellos, el miedo seguía escurriéndose por cada rincón como una niebla invisible. Mientras Diego hablaba con Eugenia y Karen sobre lo que podrían encontrar más allá de la cantera, un grito agudo rompió la tensión del aire, como una cuchilla cortando el silencio.
Diego se levantó de inmediato, su corazón se encogió. Era la voz de Emilia. Corrió junto con los demás hacia la pequeña habitación donde descansaban Sasha