Mundo ficciónIniciar sesiónAgatha llega a un pequeño pueblo al norte de Bergen (Normandía), en cuanto lo hace se da cuenta de que hay algo raro en él, pues todos los aldeanos parecen huir de un chico de 12 años. Él es Ivar, y las historias dicen que no es humano, que hay un demonio viviendo dentro de él. De echo si te fijas en sus ojos, te das cuenta de que a veces se vuelven negros y él comienza a hacer cosas raras
Leer másDesperté en el sofá del padre Helge, pero no era él quién estaba allí, luciendo preocupado, mientras daba vueltas por la habitación, sin tan siquiera darse cuenta de que estaba despierta. Justo iba a hablarle, para que notase mi presencia cuando me percaté de que tenía unas marcas de quemadura en mis muñecas. De hecho, si las tocaba, me dolían. ¿Qué…? – comencé, sin comprender. Él se percató entonces, de mi presencia, sorprendiéndose - ¿qué es esto? – se miró las manos, tragó saliva, y luego se sentó en el sofá, junto a mí, justo cuando yo me sentaba, y miraba hacia él, sin comprender. Arr me avisó de que algo así podría suceder – me dijo. Le miré, sin comprender. Intenté agarrar su brazo, pero él se echó hacia atrás. Le miré, sin comprender – no podemos tocarnos, Agatha. ¿Qué? – pregunté, con incredulidad - ¿cómo…? Tuve que llamar al pa
En aquella oscura noche sin luna, el viento movía los árboles, sin cesar, moviendo las hojas aquí y allá, arrancando algunas, llevándolas lejos de su lugar de origen. Hacía frío, mucho más del habitual y había una ligera niebla que no parecía proceder de ninguna parte, bordeando el pueblo, junto al bosque. Una niña con el cabello negro, dos lazos sujetando sus cabellos en un par de coletas, cada una a cada lado de la cabeza, un vestido azul, de época, se encontraba. Tenía una sonrisa maquiavélica en su rostro, con la mirada fija en la iglesia. Su piel era blanca, mucho más blanca de lo que cualquier otra piel pudiese ser, ojeras bajo sus ojos y pequeñas motas de ceniza en sus mejillas. Aquel cuerpo humano no estaba echo para aguantar el espíritu de un dios, y eso dejaba una marca, justo las que se estaban formando en su delicada piel, quemándola. Debía encontrar un recipiente apropiado, había luchado mucho por estar donde estaba, no pod
No había vuelto a hablar con él, desde que me marché a casa, después de vestirme, dejándole allí, dormido, incapaz de enfrentar la situación. No podía volver a aceptarle, aún tenía demasiado miedo a que volviese a irse, a que volviese a dejarme. El traqueteo del autobús me calmaba, pero al levantar la vista, mis miedos volvieron. Él acababa de entrar y caminaba por el pasillo, deteniéndose frente a mí. ¿por qué estás aquí? – se encogió de hombros, antes de contestar. Supongo que no me apetece caminar – contestó, como si tal cosa, sentándose junto a mí. Le ignoré, por completo. No voy a disculparme por lo de la otra noche – le dije, molesta – cada día deseé que volvieses – él miró hacia mí – y ahora que estás aquí… ni siquiera sé si puedo ser esa persona. Eres esa persona que lo sacrificaría todo por un buen amigo – me cal
Él miraba por la ventana de la cabaña del padre Helge, mientras yo le miraba, sin decir nada. Hacía tan sólo una hora que nos habíamos confesado frente a la iglesia, habíamos confesado nuestros sentimientos, y no habíamos hablado demasiado desde entonces. Sé que ahora estás con Olaf – me dijo, sin mirarme aún, mientras yo observaba su espalda. Sólo nos hemos acostado un par de veces – le dije, él sonrió, como si no pudiese creer mi descaro – Lo que he dicho ahí fuera era cierto, sobre mis sentimientos – cerré los ojos, frustrada. Me sentía realmente estúpida en aquel momento – olvídalo, ni siquiera sé que hago aquí – él se dio la vuelta y miró hacia mí, acercándose más y más, hasta detenerse a espaldas del sofá. ¿qué haces aquí, Agatha? – preguntó, sentándose en el sofá – yo también me lo pregunto. ¿Qué se supone que tenía que hacer? – q
Último capítulo