Mientras descansaban dentro del refugio, el silencio reinante era casi abrumador. Los pasillos de concreto estaban iluminados por luces tenues, y aunque el lugar era seguro, una inquietud seguía latente en el ambiente. Diego se encontraba junto a sus hijas, quienes dormían profundamente después del terror vivido. Sasha y Eugenia intercambiaban palabras en voz baja, mientras Karen, Benja y Elizabeth se repartían entre mantas y colchonetas que los miembros del refugio les habían ofrecido.
Pero Di