CAPÍTULO 85 — El peso de lo no dicho
Isabella respiró hondo antes de bajar del coche frente a su oficina. En sus manos, el café que había comprado de camino ya se había enfriado. No necesitaba preguntar para saber que él estaba allí. Lo sentía.
Desde que Fátima le escribió la noche anterior, había sabido que ese encuentro era ineludible. Alex había ido a buscarla una vez, y lo haría cuantas fueran necesarias hasta obtener respuestas. Lo conocía demasiado bien como para engañarse: cuando algo se