CAPÍTULO 84 — Una mente inquieta
El reloj marcaba las siete y media cuando Gabriel cruzó las puertas de su oficina. Había dormido poco, apenas un par de horas, y aún así había decidido llegar temprano, como si trabajar pudiera silenciar lo que llevaba dentro.
No sabía con exactitud qué lo perturbaba. No podía explicarlo ni siquiera a sí mismo. Pero algo en la idea de tener nuevamente a Alex Ruiz cerca le resultaba insoportable. No era solo una cuestión de negocios ni de contratos; era algo más