CAPÍTULO 230 — Confesiones, diamantes y cajas vacías
Ambas mujeres estaban sentadas frente a frente, fingiendo revisar una lista de invitados VIP, pero sus ojos brillaban con secretos mal guardados. Cada tanto, una soltaba una risita nerviosa o se mordía el labio para contener una sonrisa.
Fátima dejó caer el bolígrafo sobre la mesa y se recostó en su silla, cruzando los brazos.
— Bueno, basta —dijo, mirando a su amiga con los ojos entrecerrados—. No podemos seguir así. Me estás poniendo nervio