CAPÍTULO 227 — El lenguaje de la piel y el retorno al hogar
El motor del deportivo de Gabriel ronroneó suavemente en el silencio del estacionamiento, pero él no puso la marcha. Sus manos aferraban el volante con fuerza, los nudillos blancos bajo la luz tenue de la farola. Miraba hacia arriba, hacia la ventana del tercer piso donde la luz cálida del salón de Isabella aún brillaba como un faro en la oscuridad de la noche.
Tenía esa sensación opresiva en el pecho, ese nudo familiar de cuando uno s