CAPÍTULO 225 — El trono vacío y el corazón lleno
La oficina de presidencia de Fuentes Global había sido el escenario de muchas batallas ganadas y pocas perdidas. Desde ese escritorio de caoba maciza, Gabriel había dirigido la construcción de rascacielos que desafiaban la gravedad y había firmado contratos que cambiaban el horizonte de ciudades enteras. Pero esa tarde, el despacho se sentía diferente. Menos como un centro de mando y más como el vestíbulo de una despedida inevitable.
Valentino Rossi estaba sentado frente a él, no en su silla habitual de socio, sino en el borde del asiento, con las manos entrelazadas y la mirada baja, cargando el peso de las noticias que traía como si fueran piedras en los bolsillos.
Gabriel dejó el bolígrafo con el que había estado firmando cheques rutinarios y miró a su amigo. Conocía a Valentino desde la infancia; sabía leer sus silencios.
— Suéltalo, Valentino —dijo Gabriel con voz tranquila—. Llevas diez minutos mirando esa carpeta como si contuvier