CAPÍTULO 220 — El acercamiento forzoso
Isabella maniobraba con la destreza que la maternidad le había impuesto: cargaba a la niña dormida en un brazo, empujaba el cochecito plegado con la cadera, y llevaba su bolso de trabajo y la pañalera colgados del hombro libre, haciendo malabarismos con el peso de su vida.
— Vamos a casa, pequeña —susurró, besando la frente tibia de su hija mientras presionaba el botón del ascensor con el codo.
Las puertas de metal se abrieron con un chirrido familiar. Isa