CAPÍTULO 221 — La vigilia compartida y los lazos invisibles
Para Isabella, entrar en ese apartamento por segunda vez era como caminar sobre un campo minado emocional. La primera vez había sido el escenario de su mayor humillación, el lugar donde vio a Bárbara y donde su corazón se rompió con el sonido de un grito. Pero hoy, la atmósfera era diferente. No había música clásica melancólica, no había botellas de whisky sobre la mesa, y definitivamente no había amantes ocultas. Solo había silencio,