CAPÍTULO 219 — Compromisos lejanos y celos cercanos
El ritmo de vida de Isabella había encontrado una nueva normalidad, una rutina construida sobre los cimientos de la maternidad y el trabajo. Los meses habían pasado como hojas arrastradas por el viento, llevándose consigo la fragilidad de los primeros días post-parto y trayendo una estabilidad bienvenida.
Victoria ya no era la bebé prematura que cabía en una mano; ahora era una niña robusta de seis meses, con mejillas sonrosadas y una curiosidad insaciable. Gabriel, fiel a su palabra y a su terquedad, se había convertido en una figura constante en la vida de su hija. No faltaba a una visita, no se perdía un control médico (aunque siempre mantenía una distancia respetuosa con Isabella en el consultorio) y su presencia se sentía en cada rincón de la vida de Victoria.
Sin embargo, para Isabella, la puerta seguía entreabierta solo lo justo para que pasara el padre, no el hombre. Se mantenía firme con la idea de que solo eran los padres d