CAPÍTULO 217 — El regreso a casa y la tregua en la sala
El mes había pasado con la velocidad engañosa de los días de hospital: largos y eternos en el momento, pero fugaces en el retrospectiva. Para Gabriel e Isabella, esos treinta días habían sido una coreografía de turnos, miradas cruzadas en el pasillo de neonatología y conversaciones estrictamente médicas sobre el peso, la saturación de oxígeno y la succión de Victoria.
Pero hoy, el aire en la Clínica Materna del Valle era diferente. Olía a libertad.
Era el día del alta.
Victoria, que había ganado peso y fuerza con una determinación admirable, ya no necesitaba cables ni monitores. Era una bebé pequeña pero robusta, con los ojos oscuros de su padre y la boca de su madre, lista para conocer el mundo fuera de la burbuja estéril.
En el vestíbulo de la clínica, la escena era de una eficiencia organizada. Isabella estaba terminando de firmar los papeles del alta, vestida con un conjunto cómodo pero elegante, radiante de felicidad. Fátima