CAPÍTULO 218 — Cajas cerradas y puertas entreabiertas
Fatima e Isabella, acababan de salir del taller de Fuentes Moda, donde habían dado el visto bueno final a los prototipos de la colección de invierno. Había sido una mañana intensa, llena de decisiones sobre terciopelos, cortes asimétricos y presupuestos, pero la satisfacción del trabajo bien hecho les daba una energía especial.
Isabella removió su té de manzanilla con miel, observando a su hija. Victoria tenía las mejillas sonrosadas y respiraba con una calma rítmica que hipnotizaba a cualquiera.
— Esta bebé es un amor —suspiró Isabella, acariciando la capota del cochecito—. Se porta muy bien. Casi ni la sentimos en la oficina.
— Es una santa —coincidió Fátima, mordiendo un biscotti de almendras—. Duerme mucho. Heredó tu capacidad para desconectar del caos.
Isabella rió suavemente.
— Me temo que cuando le toque ir a la escuela voy a tener que luchar para despertarla. Va a ser una guerra levantarla a las siete de la mañana. Me imagi